Los orígenes del gato siamés son imprecisos, aunque hay antecedentes que en Siam (ahora Thailandia), estos animales convivieron con el rey y su familia. Siendo ejemplares exclusivos de la realeza. Este privilegio se debe a que le concedían un carácter puro, ya que al nacer esta especie es de color blanco color sagrado en Siam. Los gatos siameses son cada vez apreciados por su belleza, personalidad y encanto, unidos a su natural distinción,que hacen que sus exhibiciones constituyan todo un espectáculo. Un animal de tal calidad exige que seamos precavidos al adquirir un ejemplar. Los siameses, aunque fieles a sus amos, nunca estarán sometidos, mostrando su descontento ante situaciones que no son de su agrado si bien con una mínima educación se mostrarán bastante sumisos. Su comportamiento está muy ligado a las personas, ya que es muy afectuoso, algo que suele demostrar con frecuencia a sus amos. Algunos siameses son muy sociables y sentirán curiosidad por conocer a tantas personas como lleguen a la casa y otros correrán a esconderse nada más escuchar el timbre de la puerta, aunque siempre curioseando desde lejos a nuestros visitantes. Y ésa es una de sus principales cualidades: la curiosidad, que aunque es corriente en los gatos, en esta raza es más acusada: investigará todos los cambios que se produzcan en su hábitat. Tiene una agilidad extraordinaria, demostrable por su musculatura, mucho más firme que otras razas de gatos más sosegadas. Asimismo, se destaca por su hiperactividad típica de las razas asiáticas y su energía arrolladora, que demuestra corriendo y saltando por toda la casa. Como compañero destaca por ser alegre, curioso y muy cariñoso. El gato siamés es el más afectuoso de la especie y el más activo. Al tener el pelo corto, no requiere muchos cepillados. Adora estar con sus amos y es de una devoción inusual. Tiene un carácter limpio, tranquilo y curioso.